No, dime que no, cariño, dime que no Dime que no eras consciente de cómo estaba. Que el trabajo y los estudios no te dejaban pensar en ello. Grítame y dime que no sabías nada, júramelo. Promete que nunca te diste cuenta de cuánto lloraba, de cuantas noches no podía dormir, dolores de cabeza y fatiga y mareo y frío. Respóndeme, eh. Porque si amor, tú ya te habías percatado... mi tristeza no sería más que alivio con lo que hoy siento. Después de los mensajes, de los reproches, de las ausencias. Tú no estabas, ahí solo estaba yo, yo y nadie. Nadie, gracias por todo(s). Te quiero. A mí no, a ti, a veces.
Ser escritor es parecido a quitarle vida a la muerte, porque dicen las malas lenguas que lo mejor aún está por llegar.